Último concierto de temporada sinfónica, ayer en el Teatro Municipal.
Música
Último concierto de temporada sinfónica, ayer en el Teatro Municipal.
El Mercurio, 31 de agosto de 1946
Un gran éxito artístico para el maestro Armando Carvajal fue el concierto que ayer clausuró la temporada sinfónica.
Sus versiones del “Concerto Grosso, fatto per la Note di Natale”, de Arcangelo Corelli, y la “Sinfonía escocesa”, de Mendelssohn, nos parecieron irreprochables en cuanto a estilo y resultado técnico-instrumental. Este distinguido maestro nacional dio ayer una prueba convincente de su calidad interpretativa, y del notable dominio que posee de la modelación sonora.
Se dieron a conocer en este programa tres “Preludios dramáticos” del compositor chileno Domingo Santa Cruz. Comprobamos en esta nueva producción de un músico excepcionalmente dotado, una modalidad que, a nuestro juicio, es un índice de superación en su arte.
Junto a una mayor sencillez de lenguaje, muestras estos “Preludios” más auténtica profundidad emotiva. Los recursos armónicos son ahora más claros y eficaces y la construcción fluye espontáneamente de una idea esencial. Hay también en estos trozos una belleza de colorido orquestal plenamente lograda.
Especialmente señalaremos el Preludio No.1 (Presentimientos), donde el músico ha logrado crear una atmósfera llena de anhelo y desolación, por su sentido melódico y la insistencia de ciertos elementos de ritmo fundamentales.
Finalizó esta audición con el “Concierto en Do menor” de Rachmaninoff, que tuvo en el virtuoso Gyorgy Sandor a un brillantísimo intérprete.[1]
C.H.S
[1] György Sándor (1912-2005) fue un pianista húngaro-norteamericano discípulo de Béla Bartók y Zoltán Kodály.