Biografía
Y es verdad, Carlos Humeres fue un docente que impartió clases tanto en el Conservatorio Nacional de Música como de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile; llegando a ser director de esta última escuela entre los años 1935 y 1960. Y sí, también fue un abogado. En 1921 está fechada su memoria “Orientaciones modernas del derecho” con la que obtuvo la Licenciatura en Leyes y Ciencias Políticas en la Universidad de Chile. No obstante, al contrario de lo que dice esta nota o los constantes laureles ofrecidos por Domingo Santa Cruz, no hay fuentes que lo acrediten como periodista, por una parte, y mucho menos como filósofo o músico, por la otra.
Pareciera que Carlos Humeres Solar, quien rechazó los pasos de su padre en la medicina, por la carnicería y el olor repugnante que esta implicaba, se aproximó de una manera muy distinta a la música, el arte y la estética.[1] Nacido en San Felipe un 17 de noviembre de 1897, fue hijo de Roberto Humeres Oyaneder, destacado médico sanfelipeño, e Isolina Solar Valdivieso, de quien, lamentablente, no hay mucha información; y compartió hermandad con María, Raquel, Isolina, Laura, Ana, Roberto y Eduardo. El arte y la música se mostraron importantes dentro de esta familia. No solo porque su hermano Roberto destacaría como arquitecto y pintor, sino también porque sus hermanas mellizas Ana y Laura fueron alumnas del pianista y compositor Arturo García Guerrero. Según el mismo Carlos, fue este último quien despertara en tanto él y como en Domingo Santa Cruz el ferviente amor por la música de Johann Sebastian Bach.[2] En este sentido, Domingo Santa Cruz (2008) es muy enfático: Carlos “era muy músico pues venía de una familia musical a toda prueba” (48).
[1] Cfr. Santa Cruz, Mi vida, 50.
[2] Cfr. Humeres, Pro Arte, 8.
Santa Cruz no sólo destacó esta cualidad de Carlos, sino también su avidez por el conocimiento. Lo reconoció como alguien muy letrado y como el compañero con quien descubrió lecturas fundamentales como la de Jules Combarieu y su “Música, sus leyes y su evolución”. Esto marca un antecedente interesante, porque Carlos Humeres Solar, a diferencia de su amigo de infancia, recibió una educación laica, habiendo estudiado, junto con sus hermanos, en el Instituto Nacional. Esta diferencia pareciera haber marcado la relación entre ambos porque, por una parte, Santa Cruz relató en sus memorias el modo en que Humeres atacó sus pretensiones religiosas, pero, por una parte, fue quien, gracias a esta amplitud de criterio, le permitió abrirse a “otros horizontes que tuvieron decisiva influencia en mis acciones y pensamientos” (49).
Ya desde sus años escolares se vio marcada esta tendencia hacia el conocimiento, figurando como coautor de la publicación “Historia y Geografía de Chile” dentro del mismo Instituto. Y fue, quizás, ese mismo impulso lo que lo llevó a indagar en el castellano antiguo, en el romancero, la poesía anteclásica y la polifonía española; o incluso a despertar su interés por la filosofía alemana. Son estas características las que llevan a Santa Cruz persistentemente a reafirmar la influencia e importancia de Humeres dentro de lo que sería la posterior Sociedad Bach. Porque sí, es en esta sociedad donde esta faceta de filósofo y músico podría tomar forma. Carlos Humeres Solar fue uno de los hermanos fundadores de ella, junto con el mencionado compositor y Guillermo Echenique. Y, en su interior, se desempeñó, entre otros cargos, como director de la Revista Marsyas (1927), publicación que comandó con su hermano Eduardo durante sus doce volúmenes publicados, y, posteriormente, ejercería el mismo rol en la Revista de Arte, en sus dos procesos en 1928 y en 1934, y de forma indirecta en la Revista Educación (1928).
Se muestran entonces la escritura y el trabajo editorial como algunos de los medios en los que su pensamiento toma forma y sentido. Un pensamiento que no sólo se expresa en artículos con pretensiones académicas, o divulgativo, sino también como una forma de opinión y crítica. Es quizás esta última su producción más extensa y, por lo mismo, la que plantea mayores dificultades para su aproximación. Porque cuando Carlos Humeres Solar es reconocido como periodista, lo es por su labor como crítico y columnista en el diario El Mercurio; rol en que se desempeñó por más de veinte años hasta su despido en 1948.
Son estos escritos los que dan luces del pensamiento estético de un personaje que, independientemente de los cargos de influencia que ocupó, se mantiene sospechosamente en un espacio liminal asolado por la oscuridad y el silencio. Un lugar marginal que han hecho aún más desafiante su búsqueda: porque ante lo esquivas que resultan sus palabras, su imagen pareciera devenir en un verdadero misterio. Siempre secundando, siempre acompañando, siempre como un comentario de lo que fue su gran amigo Domingo Santa Cruz. Es por ello por lo que no es de extrañar que, tras su muerte, fuese él quien tomara la palabra en su funeral y sea él, quien se ha mostrado, incluso después de morir, como la puerta para acceder su legado; su mito.