El concierto de ayer del Cuarteto Mutschler

  El Mercurio, 5 de agosto de 1932, p.5   Crítica

Una concurrencia bastante numerosa y selecta reunió en la tarde de ayer la segunda audición del Cuarteto Mutschler en el Teatro Miraflores, atraída por el prestigio artístico que ha logrado en el público la excelente labor de este conjunto, y el efecto interés musical que presentaba el programa. Nos referimos brevemente a los Cuartetos en Sol mayor de Haydn y en Fa mayor de Dvorak, consignando sólo en términos generales nuestro sincero aplauso por la exacta valoración estilística y eficiencia instrumental demostrada en ella por los cuatro artistas, para ocuparnos con la detención que merece, del Cuarteto de Domingo Santa Cruz que se ejecutaba por primera vez en este concierto.

Ya en un comentario anterior, tuvimos oportunidad de señalar las características fundamentales de esta obra, que en cuanto construcción de forma y particularidades del lenguaje sonoro, representa nuestro juicio uno de los aspectos efectivamente renovadores y valiosos dentro del arte musical de nuestros días. Santa Cruz ha demostrado en su Cuarteto, con una convicción revolucionaria que ensancha nuestro horizonte, las nuevas posibilidades abiertas a la expresión musical por la ruptura de todos los convencionalismos que imponían fórmulas exteriores al libre y espontáneo juego de la creación sonora, por una parte, y por otra, a la limitación del campo armónico donde las líneas expresivas siguen su variado camino.

Los dos aspectos se compenetran tan necesariamente en esta creación de nueva estética, que la trama orgánica del desarrollo, una y compleja como los diferentes miembros de un cuerpo vivo, responden a una igual libertad en la conducción de las voces, no sujetas a otra ley que no sea su propia lógica emocional en relación con el conjunto polifónico de las otras voces.

El valor expresivo obtenido en la obra por la aplicación de este nuevo concepto, cuya descripción abstracta no puede resultar fácilmente comprensible y ameno, se ilustra con claridad magnífica escuchando la obra realizada por Santa Cruz. Desde luego, se advierte en la ejecución una desusada riqueza de perspectiva sonora, semejante a la obtenida en el plano del color, por la variable adopción del eje visual que revolucionó la perspectiva en la pintura moderna. A esta primera impresión, podríamos decir de naturaleza física, sucede otra más compleja, consistente en la percepción del flujo emotivo que se despliega en un discurso continuo, extraordinariamente rico y variado en las peripecias de su desarrollo, imagen exacta de vida anterior, orgánico como la prosa de Proust o de Joyce.

Los diferentes tiempos, “lento”, “movido”, “tranquilo”, “alegre”, son fisonomías, ya risueñas, ya graves o dolorosas que presenta el mismo personaje. Contrapuntista extraordinariamente dotado, Santa Cruz mueve la multiplicidad de sus rasgos emotivos, haciéndolos converger al máximum de potencia armónica, obtenido efectos sorprendentes de patetismo o de exuberancia rítmica, según las alternativas que ofrece la obra.

En resumen, a nuestro juicio, el Cuarteto ejecutado ayer revela plenamente a Domingo Santa Cruz, por su temperamento creador, maestría, técnica, visión y conciencia de las necesidades actuales del arte, como una de las personalidades mejor dotadas que han producido en la música de nuestro país. El auditorio le tributó una entusiasta ovación, así como también a los talentosos artistas del Cuarteto Mutschler, que con extraordinario cariño y profunda comprensión se encargaron de dar a conocer en espléndida forma esta obra, que presenta superiores dificultades interpretativas y de ejecución.

C.H.S.


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Autor
Carlos Humeres Solar