El concierto sinfónico de ayer en el municipal

  El Mercurio, 1 de junio de 1937   Crítica

Música

El concierto sinfónico de ayer en el municipal

El Mercurio, 1 de junio de 1937

 

Dos atractivos poderosos presentaba el 4to Concierto Sinfónico de la temporada, ofrecido ayer en el Municipal: la primera ejecución de una obra orquestal de Domingo Santa Cruz, que el público deseaba conocer con vivo interés, y la participación de Rosita Renard como solita en el “Concierto en Sol Mayor”, de Beethoven. Ambos factores aseguraron a esta audición una concurrencia numerosísima, que exteriorizó una vez más el aprecio que existe por la labor artística que cumple el maestro Armando Carvajal y su orquesta en la divulgación de los valores musicales chilenos y extranjeros.

Las “Cinco Piezas Breves para Orquesta de Cuerdas”, de Santa Cruz, no ofrecen campo para juzgar las cualidades bien originales y definidas de este compositor en toda la amplia posibilidad que ofrecen los recursos sinfónicos, a los cuales tiende siempre la característica peculiar de su estilo. Nutrido de los maestros antiguos, dominando en toda su extensión el sentido expresivo y a la vez formal de la polifonía, Santa Cruz, por un camino análogo al de ciertos músicos contemporáneos, ha dado verdadera actualidad a ese modo de expresión, vivificándolo mediante el empleo de nuevos conceptos tonales. Esta “Suite”, si por su lenguaje contrapuntístico y el empleo de la Orquesta de Cuerdas a la manera de un “Concerto Grosso”, recuerda el estilo de los antiguos maestros, por su verdadero espíritu es de una modernidad indiscutible. Aun podemos afirmar, es seguramente la obra que se coloca en una posición más de avanzada dentro de nuestra música.

La “Suite”, comprende una serie de cinco trozos que contrastan entre sí por una fisionomía expresiva bien caracterizada, y que mantienen un nexo total como episodios de un mismo desarrollo orgánico. Los momentos dramáticos alternan acertadamente con tiempo vivos, en que la trama instrumental se anima extraordinariamente en un despliegue de arabescos sonoros que hacen recordar esa “euforia” particular de ciertos trozos de Prokofieff. La obra, a pesar de la novedad de su lenguaje, fue apreciada plenamente por el público, que la recibió con entusiasta aplauso.

Rosita Renard, como intérprete de la obra beethoveniana ya mencionada, pudo demostrarse una vez más como una pianista de gran estilo, que supo traducir con toda su nobleza requerida el espíritu de la composición, dándonos al mismo tiempo una ejecución sumamente fina y perfecta desde el punto de vista instrumental.

C.H.S.


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Autor
Carlos Humeres Solar