Marsyas

  Marsyas, 1927, No. 1, p.1   Artículo

Honremos al sileno que enseñó a los humanos el arte misterioso de modular, en una frágil caña, los cantos inmortales. Su flauta, nacida del limo de la tierra, mezcló su doloroso acento a la lira apolínea, por cuyas cuerdas de oro se ritma la inmensidad será de los astros.

Cual nuevo Prometeo, tentó de aprisionar, con manos temblorosas, la armonía del mundo, la música inefable que fluye de la vida de las cosas creadas, y cruel destino le deparó su generoso intento. Su cuerpo, nos cuenta Ovidio, se desgarra; la sangre brota, y se ven las entrañas palpitantes y sus fibras convulsas en atroz agonía.

Las ninfas, los pastores, los faunos sus hermanos, su discípulo Olimpo, bañan la tierra en lastimero llanto. Sus lágrimas se juntan, y de ellas nace un río: su linfa es transparente en su lecho sonoro, y en su espejo se miran los astros silenciosos que rige Apolo.

Escuchemos la voz inagotable, el enigma profundo que el genio heleno nos legó en su mito. Marsyas-Apolo, el ansia y el reposo, la voz doliente que al fin se funde en la eterna armonía como el ríe en el mar. Símbolo es Marsyas, patético y sublime, del Artista.[1]

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[1] Domingo Santa Cruz (2008) menciona que tanto el nombre de la revista como la autoría de esta “poética declaración” (274) pertenecen a Carlos Humeres Solar.


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Autor
Carlos Humeres Solar