Alfonso Leng

  Marsyas, 1927, No.6, pp.199-200   Artículo

Alfonso Leng representa en nuestra música la buena tradición germánica: el sentido religioso y profundo de la existencia; la emoción ingenua junto al pensamiento maduro, reflexivo y sutil. Romántico, en el sentido noble de la nostalgia apasionada por una realidad superior, y a la vez espíritu científico de una lucidez y amplitud poco común.

Estas antinomias, estas aparentes contradicciones, hacen de este artista una de las personalidades más complejas e interesantes que existen en nuestro ambiente. Su obra realizada está muy distante de agostar las infinitas posibilidades que encierra su alma vasta e insatisfecha; pero aunque ella solo expresa un aspecto de su personalidad, en todas sus composiciones es manifiesto el sello fuerte e inconfundible de su estilo.

Obra casi por completo inédita, y por ende ignorada hasta en nuestro país.

Solo han alcanzado alguna popularidad las “Doloras”, pequeños trozos para piano, sus primeras composiciones, en los cuales a pesar de la influencia romántica es fácil ver la nota personal, en el sentimiento de suspensión anhelante que sugieren ciertas armonías, y en el patetismo punzante que resulta de su manera de emplear la disonancia.

Sus “Lieder”, que continúan dentro de una técnica completamente moderna la tendencia de Schumann y de Wolff, compendian en pocas líneas, mejor que cualquiera de las otras obras, el espíritu de su autor. Una frase doble, de una expresión penetrante, que comenta un poema en que la pasión humana alcanza hasta un plano de elevación verdaderamente mística, he aquí el género en que Leng ha realizado sus obras maestras de idealismo, dignas de compararse a los más puros modelos del arte alemán.

El poema sinfónico “La Muerte de Alsino” muestra, en mayor escala, las características fundamentales que hemos señalado en su temperamento, que aquí se encarnan y concretan en un personaje simbólico, que lo mismo podría llamarse “Alsino” que “Icaro”, y aun preferiríamos este último nombre, porque juzgamos que el mito heleno que representa el ansia humana de la liberación y de la altura, conviene, por su simplicidad sintética, mejor al espíritu de esta creación musical.

Doloroso poema que encierra las tragedias más íntimas, las inquietudes más sutiles que se agitan vagamente en el fondo de la subconciencia, y que surgen un momento a la superficie en un arranque heroico de energía deslumbrante, para luego desplomarse en un ademán de inmensa resignación. Pocas páginas existen en la música de una angustia que retuerza nuestros nervios como la transposición musical de ese vuelo alucinado y jadeante que termina en una vertiginosa caída.

“La muerte de Alsino” presenta una afinidad espiritual íntima con las composiciones de la última época de Scriabine. Hay en este poema análoga inquietud, el mismo trascendentalismo místico que se nos releva en el autor de la 5ta Sonata y de “Vers la flamme”.

Entre los actuales compositores, por diferente que sea su técnica, la tendencia de Leng se aproxima singularmente al romanticismo de Schonberg. Pero, como decíamos, su personalidad permanece inconfundible, y las diversas influencias, sean francesas o germánicas, que se advierten en su obra, solo han contribuido a precisar su lenguaje propio.

“El “Preludio y Estudio” que publicamos en este número, obra hasta ahora inédita, de cuya belleza podrán juzgar nuestros lectores, constituyen uno de los mejores ejemplos del estilo de la personalidad de Alfonso Leng.

***

 


Compartir  

Autor
Carlos Humeres Solar


Relacionados
EL 2º Festival Sinfónico de Música Chilena, anteayer en el Teatro Municipal

Crítica

EL 2º Festival Sinfónico de Música Chilena, anteayer en el Teatro Municipal

icono fecha El Mercurio, 29 de noviembre de 1942

El concierto de ayer del Cuarteto Mutschler

Crítica

El concierto de ayer del Cuarteto Mutschler

icono fecha El Mercurio, 5 de agosto de 1932, p.5